El día que dejamos de mejorar

«No dejamos de montar en bicicleta porque envejecemos. Envejecemos porque dejamos de hacer las cosas que nos permitían seguir montando.»


Hay un momento que llega casi sin avisar.

No sucede de un día para otro.

No aparece en ninguna gráfica de tu aplicación de entrenamiento.

Ningún reloj te envía una notificación diciendo que ha ocurrido.

Simplemente un sábado cualquiera, durante una subida que conoces de memoria, te descubres pensando algo que nunca habías pensado.

«Antes esta cuesta no me costaba tanto.»

No has dejado de entrenar. Sigues madrugando. Sigues revisando la previsión del viento. Sigues limpiando la bicicleta después de cada salida. Incluso tienes más experiencia que hace diez años.

Y, sin embargo, algo ha cambiado.

Las piernas ya no responden igual. La espalda tarda más en recuperarse. Después de una salida exigente necesitas dos días para sentirte fresco. Empiezas a elegir recorridos menos duros.

No porque quieras.

Porque el cuerpo empieza a negociar contigo.

Y casi todos creemos que la solución consiste en entrenar más. Más kilómetros. Más series. Más desnivel. Más sufrimiento.

Pero rara vez funciona.

Porque el problema ya no está en el motor.

Está en el chasis.


En este capítulo aprenderás
  • Por qué el rendimiento se estanca aunque entrenes igual que siempre.
  • Qué pierde el cuerpo del ciclista con los años, y qué lo frena.
  • Para quién es —y para quién no es— este manual, y cómo usarlo.

El ciclista invisible

Existe un ciclista del que casi nadie habla.

No gana carreras. No publica sus vatios. No persigue récords en los segmentos.

Simplemente quiere seguir disfrutando de la bicicleta durante muchos años.

Tiene trabajo. Familia. Responsabilidades. A veces solo dispone de seis horas para entrenar.

Y necesita que cada una de ellas cuente.

Este libro está escrito para ese ciclista. A lo largo de estas páginas lo llamaremos Marco —un ciclista de 46 años con trabajo, familia y quince temporadas a las espaldas—, pero podría llevar tu nombre. Volveremos a él cuando la teoría necesite aterrizar en una semana real.


Lo que la báscula no te cuenta

A partir de los 30 años, si no haces nada por evitarlo, tu cuerpo pierde entre un 3 % y un 8 % de masa muscular por década, y el ritmo se acelera a partir de los 60 (Volpi et al. 2004; Cruz-Jentoft et al. 2019). Con la masa muscular no solo se va tamaño: se va potencia, se va estabilidad, se va densidad ósea y se va la capacidad de tolerar cargas de entrenamiento.

🔬 Evidencia

La sarcopenia (pérdida de masa y función muscular asociada a la edad) afecta sobre todo a las fibras rápidas tipo II, precisamente las que necesitas para acelerar, para las rampas duras y para el sprint final con tus amigos (Nilwik et al. 2013). El entrenamiento aeróbico protege el motor, pero estimula poco esas fibras; lo que las conserva son los estímulos de alta fuerza y velocidad, y la fuerza es la forma más eficiente de dárselos (Aagaard y Andersen 2010; Cruz-Jentoft et al. 2019).

El ciclismo es un deporte maravilloso, pero tiene una limitación estructural: no soporta el peso del cuerpo. No hay impacto, no hay carga axial, no hay estímulo suficiente para conservar hueso ni músculo fuera de un rango muy limitado del pedaleo. De hecho, los ciclistas de carretera presentan con frecuencia una densidad mineral ósea menor que otros deportistas de resistencia (Olmedillas et al. 2012).

Dicho de forma directa:

El ciclismo te da un motor extraordinario montado sobre un chasis cada vez más frágil.

La fuerza es el mantenimiento del chasis.


Una idea que lo cambia todo

Durante muchos años el ciclismo cometió un error muy sencillo: pensó que todo se solucionaba pedaleando.

Hoy sabemos que no es así.

La fuerza no sustituye a la bicicleta. La hace mejor. Y, sobre todo, hace mejor al ciclista.

No porque aumente el tamaño de sus músculos, sino porque le permite seguir haciendo aquello que más le gusta cuando otros empiezan a dejarlo.

💡 Consejo

Si solo te llevas una idea de este capítulo, que sea esta: para un ciclista amateur veterano con las horas de bici ya cubiertas, añadir dos sesiones de fuerza de 50–60 minutos a la semana, manteniendo el mismo volumen de bici, mejora el rendimiento más que seguir solo con la bici (Rønnestad y Mujika 2014; Beattie et al. 2014). Es, probablemente, el mayor retorno por hora invertida que tienes a mano. En ciclistas veteranos en concreto, se ha comprobado que la fuerza mejora la eficiencia de pedaleo (Louis et al. 2012).


Este libro no trata de levantar pesas

Trata de otra cosa mucho más importante.

Trata de conservar la capacidad de hacer aquello que amas. Durante décadas.

⚠ Error frecuente

Creer que la fuerza es «para el invierno». La fuerza ganada empieza a perderse en cuanto desaparece el estímulo: en 6–8 semanas sin entrenarla, buena parte de lo construido se ha ido; una sola sesión semanal, en cambio, la conserva (Rønnestad et al. 2010). Este manual la integra durante todo el año, con dosis mínimas eficaces, para que nunca tengas que empezar de cero.


Una promesa

Si dentro de cinco años sigues disfrutando de las subidas largas.

Si puedes jugar con tus hijos o nietos sin pensar en la espalda.

Si terminas una marcha cicloturista sintiendo que todavía tienes fuerzas para sonreír.

Entonces este libro habrá cumplido su propósito.

Porque nunca trató de construir el ciclista más fuerte.

Trataba de ayudarte a seguir siendo ciclista.


Lo que NO encontrarás aquí

No encontrarás rutinas de dos horas. No encontrarás entrenamientos al fallo. No encontrarás ejercicios elegidos únicamente porque desarrollan más masa muscular. No encontrarás programas imposibles de mantener cuando tienes trabajo, familia y otras responsabilidades.

Porque este libro parte de una idea muy sencilla:

El mejor entrenamiento es aquel que todavía seguirás haciendo dentro de diez años.


¿Quién debería leer este libro?

Este manual está pensado para ciclistas que:

  • entrenan entre 5 y 12 horas semanales;
  • disponen de poco tiempo;
  • quieren mejorar su rendimiento;
  • desean reducir el riesgo de lesión;
  • buscan mantenerse fuertes sin convertirse en culturistas.

Si ese es tu caso, estás en el lugar adecuado.


Cómo utilizar esta guía

No intentes leerla de una sentada. Úsala como una herramienta:

  1. Lee un capítulo y ponlo en práctica antes de pasar al siguiente.
  2. Consulta las fichas de ejercicios (Capítulos 4–6) antes de entrar al gimnasio.
  3. Anota tus progresos (Apéndice B) y revisa cada 4 semanas.
  4. Vuelve cuando aparezcan nuevas dudas.

El objetivo no es completar el libro. Es convertir sus ideas en hábitos.


Resumen del capítulo

✔ El rendimiento no se estanca por falta de kilómetros, sino por pérdida de fuerza, potencia y estabilidad. ✔ A partir de los 30–40 años, la masa muscular y las fibras rápidas se pierden si no se entrenan directamente. ✔ El ciclismo no protege el «chasis»: ni hueso, ni músculo fuera del pedaleo. ✔ Dos o tres sesiones breves de fuerza a la semana bastan para frenar —e incluso invertir— la tendencia. ✔ El objetivo no es levantar más: es pedalear mejor durante décadas.

Próximo capítulo → La ciencia: qué dice realmente la evidencia sobre fuerza y ciclismo, y por qué funciona.